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Si en la primera parte lo dejamos con los jóvenes que se quedaron maravillados de la localidad cácereña de Trevejo, en esta segunda parte y continuación de la narrativa escrita por este servidor para dicho reportaje de la Sierra de Gata … seguimos por Villamiel …

Un poco más allá, Villamiel es el mejor ejemplo de la protección que ofreció la fortaleza trevejana, emblema físico de la encomienda de Trevejo, pues, gracias a ella, pudo resurgir en el siglo XIII. El pueblo cuenta con un laberintico casco urbano, con antiguas calles repletas de requiebros y recovecos en el que se puede admirar su iglesia dedicada a la Magdalena, del siglo XVI, en cuyos muros podemos descubrir grabadas curiosas sentencias populares acerca de la vida y la muerte.

Inesperadamente, entre la arquitectura popular y las callejuelas, aparece el Palacio del Deán José de Jerez, levantado en el siglo XVII, es una buena muestra de residencia noble, cuyos muros de sillería se adornan con vanos adintelados y un bello escudo.

Prosigo mi andadura con pena, disfrutando del paisaje camino de San Martín de Trevejo que conserva con orgullo el dialecto “mañegu” ó “chaparrau”. Igual que en Eljas pervive el “lagarteiro” y en Valverde del fresno el “valverdí”. Todos ellos, son las variantes de ” a fala de Xalama”, una mezcla entre el galego-portugués, el astur-leonés occidental y el castellano.

En San Martín de Trevejo, antes conocida como San Martín de los Vinos, la arquitectura popular es muy peculiar, con poyos en las puertas, casas levantadas con ladrillos de adobe y madera y regatos bajando vertiginosamente por las calles. Merece la pena detenerse a contemplar las viviendas de tres plantas de este pueblo, pues, conservan la clásica distribución de un lugar que siempre ha vivido de la tierra. Así, la planta baja estaba destinada a bodega, la intermedia acogía la vivienda y la superior se utilizaba como secadero o almacén.

Las calles de San Martin de Trevejo desembocan en su Plaza Mayor, donde sobresalen sus bellos pórticos y la torre campanario, antaño utilizada como cárcel. Su esbelta figura compite con la presencia de la cercana iglesia levantada bajo la advocación de San Martín de Tours.

Antes de continuar camino, nada mejor que reponer fuerzas en alguno de sus establecimientos de la población. La comida casera y las carnes serranas están muy bien representadas en el restaurante Los Cazadores, donde la sencillez no está reñida con el buen hacer.

Apenas restan dos pueblos para acabar este primer recorrido por la Sierra de Gata. El primero es Eljas, población encaramada en un alto rocoso donde no es extraño que las viviendas se hallen construidas sobre grandes peñas que constituyen sus recios cimientos. La cima del montículo está coronada por los vestigios del antiguo castillo que protegió la zona. Apenas se conservan dos torres y parte del recinto defensivo de una fortaleza que debieron levantar los árabes y modificar los cristianos.

Antiguas casas, pasadizos que salvan las diferencias de nivel, callejas quebradizas y rincones soleados donde abundan las macetas vestidas de color componen la estampa de este pueblo donde , al igual que en San Martin de Trevejo, en las calles se oye la musical “fala”.

Un poco más allá. espera Valverde del Fresno. Acostumbrados a las inclinadas callejas de las dos localidades anteriores, Valverde se ofrece como un evidente contraste. Amplias calles y numerosas plazoletas convergen hasta en cuatro plazas. El casco urbano se muestra hoy, como un conjunto heterogéneo en el que destaca la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción, diseñada por el arquitecto Pedro de Ibarra en el siglo XVI.

Continuará …

Sierra de Gata “Misteriosa Seducción” 2ª Parte

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