Seleccionar página

Entre el bullicio de las grandes urbes y el manto de paz que cubre esta comarca dista sólo el deseo de evadirse de este  mundo loco.

 

Alzando el vuelo desde Plasencia y con la mirada puesta al noroeste, el viajero  ávido de nuevas experiencias atravesará el Valle del Alagón con sus cultivos de regadío, dehesas de encinas y alcornoques, para adentrarse en la cautivadora y enigmática Sierra de Gata.

Lindante con las tierras  de la vecina Portugal y de la provincia de Salamanca, esta serranía nos deleitará con sus magníficos paisajes de valles y laderas vestidas de bosques de pinos, robles y castaños, salpicadas por verdes prados y una extensa variedad de frutales beneficiados por su clima templado, encuentro de lo mediterráneo con lo atlántico. No falta la tonificante presencia del olivar, parte importante del paisaje y de la cultura, dando lugar a que la llamasen  “el país del aceite del oro”.

Más, si en Sierra de Gata, la naturaleza es su jardín, la Historia es su más preciado perfume que mana de sus localidades donde el tiempo se ha detenido en la añoranza de un ayer lleno de esplendor, cautivando al visitante que recorre cada rincón. Localidades con sabor  medieval cuyo pistilo, en la mayoría, es la iglesia y los pétalos, las casas  y las calles, a menudo surcadas por un regato.

EL VALLE TREVEJANO

Desde Moraleja, un desvío nos lleva a Cilleros, el antiguo Cellarium o “bodega” de los romanos, afamado por sus vinos y viñedos. Destacan varias construcciones, como la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Apóstoles ó la Casa Grande ó Palacio de Bacas, pues con los dos nombres se le conoce … edificio de tres plantas situado detrás del ayuntamiento y que luce fachada de mampostería del siglo XIX. Según la leyenda, la residencia palaciega se construyó por razones de amor y tiene tantas puertas y ventanas como días cuenta un año.

En la Plaza Mayor, junto a la casa consistorial, se levanta una espadaña del siglo XVI, con tres vanos de medio punto. Sus campanas están custodiadas por cigüeñas que despiden al viajero con su crotoreo ó llamado, vulgarmente, “machar el ajo”.

Antes de abandonar el pueblo, merece la pena visitar el Museo Etnográfico, donde se ha reproducido una casa de tres pisos en la cual se refleja la vida rural de los años cuarenta y cincuenta gracias a una completa y cuidada decoración.

Se sale de Cilleros por la carretera comarcal EX-205. Según se avanza, aparece, como eterno centinela en la lejanía, la magnífica estampa del castillo de Trevejo. Sin pensarlo, busco el cruce que, en dirección a Villamiel, me acerca hasta el pequeño pueblo de Trevejo, donde, realmente, el tiempo se detiene.

Aquí, disfruto de un conjunto urbano que me traslada al mismo Medievo, coronado por una antigua fortaleza… primero musulmana y, luego, templaria, que permanece impasible y vigilante al paso del tiempo, custodiando las tumbas excavadas en la roca de la Iglesia de San Juan.

Paseo por las calles de Trevejo embriagado por la belleza de sus rincones, compuestos por casas de granito y teja árabe, con voluminosos dinteles en puertas y ventanas. Por una de sus calles, me cruzo con una lugareña en su soledad, cosiendo y recogiendo del sol su calidez, mientras que, en la calle principal, una pareja seducida por el lugar busca una casa para pasar la noche. Al final, tienen suerte y se instalan en la casa rural “La Veleta”. Más , antes, entablo un corto dialogo con ellos y lo único que acierto a decir es  “que nunca olviden este lugar idílico”.

Continuará …

Sierra de Gata “Misteriosa Seducción” 1ª Parte

Fotelias Imagen, reportajes de Bodas, Comuniones en Madrid, Plasencia, Cáceres